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Breve relato sobre el heroísmo de
María Pita
La
defensa de
A
modo de prólogo:
Pero
los resultados de los estudios de documentos de la época que recientemente fueron muy rigurosamente
corregidos y contrastados por los actuales historiadores revisionistas ingleses,
expurgando de patrañas y fábulas documentos de la época escritos más por
cuentistas que por serios historiadores, dan una nueva perspectiva a los hechos
acaecidos.
Hasta
no hace mucho, el diagnóstico sobre el fracaso de la expedición inglesa de 1589
se basaba casi exclusivamente en los relatos exculpatorios de Drake y Norris.
Hoy,
que contamos con la rigurosa y cuidada recopilación documental llevada a cabo
por la prestigiosa The Navy Records
Society (*) (The expedition of John Norris and
Francis Drake to Spain and Portugal, 1589. Aldershot-Vernon, 1988) donde,
además de ponerse de manifiesto la verdad histórica, se destacan las grandes
contradicciones entre los escritos de los dos protagonistas (Norris y Drake) y
los documentos económicos allí recopilados ayudan a precisar sobremanera lo
realmente ocurrido.
Corría
el año de1589. Los restos de
Conocedores
los ingleses del muy mal estado en que se hallaba la flota española y calculando
que se les presentaba una oportunidad irrepetible, convencieron a Isabel I para
aprovechar esta ocasión de oro, y con inmenso esfuerzo económico para
Esa
Contraarmada de120 barcos y 23.375 hombres era capitaneada por el almirante
Francis Drake y por el general John Norris (el más prestigioso militar inglés de
su tiempo, como general en jefe de los ejércitos transportados). Las claras
órdenes dadas por su reina de dirigirse directamente a Lisboa las torció a su
gusto el más famoso de los piratas; prefirió venir en busca del desquite contra
la ciudad desde la que había partido
Se
dispuso a atacar primero –como si de un divertimento se tratase- el que
entendían más débil puerto de
Este
fue el primero de los sucesivos errores que llevarían a la magna expedición
británica hacia el gran desastre: salir descalabrada de ambos ataques a
La
reciente reconstrucción que de estos hechos hizo el historiador -Caballero de
(*)
Donde también se aclara definitivamente como realmente ocurrió todo lo de
(**)
En su preciso e ineludible libro "
¡Llegan
los ingleses!
A
media tarde del 3 de mayo de 1589, el centinela de la atalaya de Estaca de
Bares, uno de “Os Avezados”, cuya misión consistía en encender un fuego por cada barco enemigo que
avistase -y si fuesen muchos una gran fogata- para que al ser vista la señal
desde S. Andrés de Teixido se siguiese retransmitiendo, vio en el horizonte un
trazo oscuro que inmóvil se agrandaba. Echó toda la leña al fuego para salir a
uña de caballo hacia
Cotrofe
lo miró con incredulidad ya que los ataques de cinco años atrás contra Vigo y
Bayona los habían efectuado con veinticinco buques casi todos pequeños; ¿quién
podía imaginar a cien navíos ingleses cayendo sobre
El
tercer marqués de Cerralbo, D. José Pacheco, Gobernador de
En
la mañana del jueves 4 de mayo una enorme fogata en Cabo Prioriño avisaba que el
destino de la enorme flota inglesa era
Los
defensores, perfectamente organizados en líneas de fuego en el Alto de Santa
Lucía, fuera de las murallas, con
150 expertos arcabuceros conocedores del terreno y al mando del capitán
Troncoso, tendieron emboscadas a los invasores que comenzaron a sufrir sus
primeras bajas y hubieron de replegarse.
Ante
el castigo infligido los ingleses rodearon el promontorio amenazando con aislar
a los españoles, dada su aplastante superioridad numérica. Troncoso y sus
hombres se replegaron hábilmente mientras peleaban en forma escalonada para
retroceder hasta el arenal de Garás (actual Plaza de Vigo y Linares Rivas) donde
ya estaban bajo el fuego protector de las cuatro piezas del pequeño fuerte del
Malvecín, en el extremo sur del muro de
La
temeraria acción de los arcabuceros de Troncoso tuvo efecto positivo en la moral
de la plaza, mientras los invasores fueron sorprendidos y hubieron de comenzar a
evacuar muertos y heridos.
Nada que ver con los 23.375 individuos que traían los ingleses. Esta desproporción se
explica porque Drake no tenía órdenes de atacar
Por
la noche el muro de
Pero
a favor de la oscuridad los intrusos incursionan por otros puntos desguarnecidos
y establecen destacamentos en puntos estratégicos: Monte y Puente de
Dos
compañías de refuerzo (150 hombres) que venían de Betanzos al mando de los
capitanes Monsalve y Ponce se encontraron en el bosque de El Burgo con una
partida mandada por el capitán Juan Varela y siendo este gran conocedor de esos
andurriales les facilitó la labor de acercarse y entrar en
Al
amanecer del viernes 5 de mayo, el muro de
Disparaban
los cuatro cañones del Malvecín contra las fuerzas inglesas más próximas, los
barcos españoles utilizaron su artillería contra la flota invasora que les
respondió … La bahía coruñesa estaba esa mañana bajo un estruendo aterrador, y
bajo esa actividad los británicos botaron cuatro lanchones y desde sus buques
transportaron tres grandes piezas de bronce que pensaban situar en unos peñascos
a la altura del Puente de
Los
ingleses pudieron plantar sus tres cañones en
La
noche triste
Sin
la protección de galeones españoles en la bahía, con las dos galeras huidas a
Ferrol y el Castillo de San Antón protegiendo sólo un flanco, y desde
lejos, la zona amurallada de
A
la llegada del crepúsculo cuatro buques ingleses se lanzaron a por el castillo
de San Antón y “…llegaron tan cerca que
su mosquetería alcanzaba el fuerte, del cual se les dio tal carga que los obligó
a volverse a
La
defensa del Malvecín y
Al
amparo de la noche la tremenda oleada invasora ataca con estruendo el muro de
Desde
el exterior del muro los asaltantes –muchos y bien adiestrados- fuerzan sus
ataques sobre el Camaranchón y consiguen penetrar. “…..a la que acometieron con escalas......y
aunque los nuestros mataban muchos de ellos, ellos no volvían pie atrás, antes
porfiaban a entrar, y los nuestros a defenderse.”
Los defensores, cogidos entre dos fuegos
tienen que retirarse, con gran pérdida de vidas, armas y pertrechos, hacia
La
tragedia que entonces se adueñó de
Esa
noche los ingleses la dedicaron al saqueo de
Ocuparon
el magnífico Hospital de San Andrés, orgullo de
Dedicaron
tiempo y placer al saqueo. Hallaron de todo y en abundancia “…porque hallaron muy buenas casas y camas
regaladas, y que comer y beber a carretadas; ropas y vestidos para los que no
las tenían y armas, y las casas llenas de otras muchas cosas.” Drake y Norris celebraron con gran
júbilo, junto a sus jefes y oficiales, el fácil botín. En la casa del canónigo
Labora, en la calle Real, donde se habían instalado y festejaban la feliz
jornada, brindaron repetida y generosamente en las copas de cristal de fina
talla por la inminente rendición de
No
sabían aquellos arrogantes saqueadores que estaban entrando en la antigua lista
de hombres de armas que, en alguna de las grandes y bellas ocasiones de la
historia, estuvieron profunda y absolutamente equivocados.
Cerca
de cuatrocientos coruñeses murieron en esta “noche triste” del cinco de mayo.
Los
supervivientes serían los protagonistas de dos semanas de heroica
resistencia.
¡A
las murallas!
Al
día siguiente, sábado, una parte de los invasores se hicieron fuertes en el
convento de Santo Domingo, situado extramuros –como lo mandaba
Conocida
la situación en que se hallaba
En
el mismo sábado llegaron dos compañías de asturianos bisoños que enviaba desde
Santiago el conde de Altamira y que junto a tres compañías de aguerridos
soldados enviadas por don Francisco de Menchaca, señor de Cayón, sumaron 2.400
hombres a los que dedicaron a hostigar al enemigo desde el monte de Arcas
(
Mientras
los defensores permanecían en guardia constante sobre las murallas, atentos a
cualquier añagaza del enemigo, al tiempo que repelían los persistentes ataques.
Vieron como intentaban subir un esmeril -pequeño cañón- al campanario del
convento y desde las murallas dispararon volando parte del campanario, pese al
fuego que les enviaban desde las ventanas. También observaron los trabajos de
zapa de los ingleses para minar el cubo de la muralla, sin nada poder hacer más
que esperar, pues muy lejos les quedaba la boca-mina.
La
lucha que era encarnizada en casi la totalidad del perímetro, cesaba un poco a
las noches cuando los ingleses aprovechaban para aumentar sus trabajos de zapa
intentando que la mina llegase lo antes posible al pie del cubo y una vez allí
acarrear ingente cantidad de pólvora que hiciese volar el cubo por los aires
abriendo una irreparable brecha en el cerramiento de
El
Castillo de San Antón cumplía fielmente con su misión de mantener a distancia
las naves invasoras al tiempo que mantenía el puerto inutilizado para los
transportes de pertrechos que los ingleses requerían. En aquellos momentos
tenían en la plaza entre 10.000 y 11.000 hombres.
En
la organizada defensa de
El
domingo al final de una de las fuertes refriegas tocó el inglés a tambor de
plática. El Marqués envió un sargento y que sólo la aceptase si era para hablar
de los prisioneros de uno y otro bando. El emisario pretendía entregar una carta
al Marqués, pero urgido a que dijera lo que traía anunció …que los Generales pedía esta ciudad para el
Reino de Inglaterra y que entregándosela usarían de Clemencia, no mirando la
afrenta que el año antes le había querido hacer nuestra Armada…. y bla, bla,
bla…y que si así no fuese usarían todo el
rigor de la guerra y aunque estuviese dentro todo el poder de España la habían
de tomar dentro de dos días. El Marqués mandó decir
…que se alargase.
El
Voto
En la noche del ocho de mayo se reúne un grupo representativo de los ciudadanos coruñeses (sin la presencia de autoridades) que acuerdan firmar su famoso Voto, su promesa particular en la que solicitan la protección de (*) Obligaba sólo a quienes lo formularon entonces y a quienes, en lo sucesivo, lo asumieran; tenía carácter penitencial, solemne y procesional.
Ese Voto se renovaría once días más tarde, ya finalizado el asedio y con los ingleses fuera de la Ciudad, pero esta vez hecho de forma oficial, presidido por la Corporación Municipal, la Real Audiencia y demás poderes públicos. (*)
Se celebró inicialmente en la Iglesia de Santiago y posteriormente, durante 130 años ininterrumpidos, en la de San Jorge.
A partir del año 1969 se decidió trasladar la Función del Voto a la iglesia de Santo Domingo donde la Cofradía de la Virgen lo vino celebrando.
Actualmente se ha recuperado el Voto “oficial” con una misa solemne de acción de gracias –auspiciada por la Corporación Municipal y celebrada por el Arzobispo- el domingo más próximo posible al 19 de mayo.
Recrudece
la batalla. Protagonismo de las mujeres.
La
tarde del día 11 los sitiadores lanzan un masivo y elaborado ataque con escalas
en la zona de Puerta Real, y tras demorado combate son rechazados. Esta victoria
eleva la moral de los sitiados y lo
celebran con cánticos que los ingleses oyen desde sus
emplazamientos.
La
mina (el túnel) progresa por el subsuelo hacia el cubo y creyendo que están bajo
él el día 12 hacen explotar una tremenda carga que apenas hizo daños por haberse
quedado cortos en la longitud del túnel.
Ese
mismo día por la tarde rematan un baluarte elevado que estuvieron construyendo
dentro del convento y comienza el bombardeo ininterrumpido día y noche, hasta
que en la mañana del día 14 consiguen abrir brecha. Los hombres del capitán
Pedro Ponce y los del alférez Antonio Herrera contienen las primeras oleadas que
penetran por la brecha. Los ingleses retroceden y se lo
piensan.
A
las seis de la tarde de ese día 14 los ingleses vuelan el cubo e inician su
ataque, pero gracias al apuntalamiento hecho por las mujeres este revienta hacia
el exterior desplomándose sobre los atacantes, sepultando a más de 300 hombres
de la vanguardia inglesa.
Los
sucesivos ataques desde diversos puntos, propiciados por un invasor que parece
no sentir las bajas van desgastando y debilitando el poder defensivo de los
sitiados. A medida que esto ocurre las mujeres coruñesas van adquiriendo un mayor protagonismo en
todas las tareas de defensa. Ahora ya han dejado a niños y ancianos las labores
de apoyo y ellas cargan sus propias armas y las empuñan. En una de las muchas
escaramuzas que hubo en Puerta de Aires, María Pita comandando un batallón de
mujeres entra en combate en primera línea; después de más dos largas horas de
feroz batalla logran la retirada de los ingleses –que no se creían que pudiesen
ser rechazados por una tropa con faldas- dejando cientos de muertos y heridos;
el desgaste ha sido tan intenso para los sitiadores que ya no volverán a
intentarlo, y esta hazaña comentada entre los defensores de la muralla hizo que
diversos capitanes utilizasen a las más aguerridas en mayores
cometidos.
La
batalla ya de por sí dura se vio incrementada en los días 16 y 17 por las
intentonas incendiarias que los ingleses lanzaron esas noches aprovechando la
bajamar y que fueron cruentamente rechazadas.
Los
ingleses, contenidos sus buques dentro de la bahía, mantenidos a raya por los
cañones del castillo de San Antón, e impedidos de saltar a campo abierto por las
fuerzas estacionadas en el monte de Arcas, y que controlaban las operaciones
inglesas de salida hacia nuevos y más fáciles frentes, no podían maniobrar a su
antojo e incluso tenían enormes dificultades de suministros. Su moral de combate
decaía en la casi totalidad de los sitiadores y lo que a los generales se les
antojó como cosa de coser y cantar ahora con la triste realidad de los combates
veían que se les estaba poniendo tan cuesta arriba que les resultaba imposible
el creer en una victoria; las cifras de muertos y heridos eran muy elevadas y se
ocultaban a la tropa.
María
Pita
Las tropas asaltantes preparaban
un nuevo asalto por el hueco del cubo minado; absolutamente empeñadas en tomar
Los mandos ingleses habían
aplicado todos los medios a su alcance para que sus tropas se alzasen con un
triunfo que les permitiese justificar ante su reina el retraso, el
incumplimiento de la misión y las pérdidas sufridas. No podían permitirse que un
ejército reunido para la ocasión, diseñado para designios mayores, fuese
derrotado por unos locos irreductibles máxime después de lo fácil que les había
resultado el desembarco y la toma de la floreciente Pescadería. Cada ataque se
presentaba como si fuese el definitivo, el que les permitiese acceder a
Drake ya había sugerido la
necesidad de suspender los ataques debido a la tardanza en consumar el asalto.
John Norris se opuso; había preparado diez compañías de refresco para entrar en
combate; veía cerca la victoria y él mismo, sable en mano, dio la orden de
ataque. Una nueva oleada se dirigió contra la quebradura de la
muralla.
Los sitiados se pasmaron de que
aún hubiese tantos invasores en posición de lucha. Sólo el
empecinamiento más tenaz podía explicar que Norris lanzase al combate sus
últimas fuerzas de reserva.
El lado español ofrecía un
panorama desolador, multitud de cadáveres y heridos campaban por doquier y el
aspecto de los que aún se
aguantaban en pie daba verdadera pena pues buena parte de ellos estaban
heridos.
El fuego británico se hizo más
intenso. Cientos de hombres se dispusieron definitivamente a entrar. Hubo un
instante de asombro, pero de inmediato los defensores se lanzaron armados de
picas a la brecha. Certeros disparos ingleses los barrieron, era el fin; los
coruñeses ofrecían el triste momento de sucumbir ante el enemigo. ¡Ya son
nuestros! Voceó un gigantesco alférez inglés luciendo una deslumbrante armadura
que le cubría todo el cuerpo; estaba alcanzando lo más alto de la brecha seguido
de sus soldados y con unos pasos más ya sólo tendría que descender para entrar
en
María Pita que se había
arrodillado para atender vanamente a un tonelero se incorporó y clavó los ojos
en aquella figura imponente que farfullaba cosas ininteligibles. Eran seres como
aquellos los que habían matado a su marido, a Sebastián, a Inés y a tantos y
tantos otros coruñeses sólo por el hecho de serlo. Miró a su alrededor y vio a
sus vecinos paralizados y horrorizados ante lo que se les venía encima. Su
tristeza fue velada por una ciega ira y supo que el objetivo de su vida era
derribar a aquel arrogante ser extranjero. Cogiendo la pica de Sebastián la
corpulenta joven subió muy deprisa,
fuera de sí, a la brecha, y se abalanzo temerariamente contra el sorprendido
alférez sin darle tiempo a reaccionar. Hundió entonces la pica en su
vientre.
En los ojos del gigante,
atravesado de parte a parte, se leyó la sorpresa más absoluta. María lo despeñó
piedras abajo, pero antes aferró el asta de su bandera y la exhibió mirando a
sus conciudadanos, aunque su enmarañada melena, en lo alto de la batería fue
vista desde ambos bandos.
¡Ayudadme a echarlos de
aquí! ¡Quien tenga honra que me siga!
–gritó. Y aquel grito inició
una leyenda.
Las mujeres, en ese momento,
emulando a María Pita, se encaramaron en masa a las murallas y a la brecha,
produciendo una avalancha que hizo recular la ofensiva. En medio de ensordecedor
griterío femenino lanzaron una lluvia de piedras que acabó de aturdir a las
compañías inglesas que veían como su bandera se quedaba en manos
enemigas.
Y es que las mugeres e hijos
acudían a las partes mas peligrosas con mucho ánimo con muchas piedras con las
cuales tiraban a los enemigos con que les descalabraban e azian mucha
ofensa…
El día 19 Drake se hace a la mar
con rumbos a Lisboa, donde también le dieron las suyas y las del
pulpo.
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